Mié. May 6th, 2026

Este puente he tenido la oportunidad de estar asistiendo a unos partidos de baloncesto y fútbol.

El deporte no es algo que me atraiga especialmente. Puntualmente puedo estar interesado en algún evento concreto, por ejemplo recuerdo una final de Arancha Sánchez Vicario en Roland Garrós y poco más….

También me interesa la Fórmula 1, aunque tampoco soy un forofo ni me quita el sueño, si puedo ver una carrera o unos entrenamientos, los veo. Disfruto si gana Alonso pero disfruto igualmente con la participación de Alguersuari o cualquier piloto español, y si es alguien como Pedro de la Rosa, disfruto oyéndole y me encanta que comparta sus conocimientos, ya que lo que sí me atrae es la parte técnica y la de estrategia.
 
Volviendo a este puente deportivo, asistí el jueves a un Torneo de Minibásquet (femenino) y la verdad es que admiro a esos padres que sacrifican los fines de semana llevando a sus hijos a jugar allá donde toque, estando a su servicio, y «sufriendo» desde las gradas… todo ello mientras los chavales (o las chavalas en este caso) disfruten del juego y no sea una obligación de los padres que, no dudo que haya casos, vierten su frustración de no haber podido jugar o incluso esperan que sus hijos lleguen a algo en el deporte. Creo que está bien mostrar a los niños el camino para que aprendan a probar todo y, superada la etapa inicial en la que aprenden a evaluar los valores de cada actividad, sea deporte o cualquier otra, puedan decidir si eso les gusta o si desean probar otra cosa.
 
Lo que pudimos observar es que no sé si los críos se divierten, que espero que sí, pero los padres muestran unas conductas que no parecen muy adecuadas.
 
Creo que los padres que apoyan a sus hijos desde las gradas pueden hacerlo de muchas formas, pero en ninguna de ellas encaja el gritar a los chavales lo que deben o no hacer, o gritarle al entrenador, ni a los árbitros, o siquiera a la grada de enfrente donde están los familiares del equipo contrario. Para mi este es un problema de que no les enseñamos los valores adecuados, sino que potenciamos la competitividad agresiva y muchas conductas que podríamos coincidir en llamar antideportivas.
 
Entregamos trofeos y premiamos a los ganadores, haciendo que el segundo puesto sea el primero de los perdedores y, en general, depreciando el valor de cualquier premio. Una medalla, que a la vista de cualquiera es el reconocimiento a un gran mérito de haber participado, para alguno de estos niños era un juguete con el que jugaban girándolo y a luchar como espadas entre ellos…
 
El domingo por la tarde me acerqué a ver un partido de fútbol de aficionados y a pesar de los normales lances en el terreno que se premiaban con tarjetas amarillas o con las correspondientes faltas, lo más vergonzoso era oír cómo desde las gradas se proferían insultos contra los árbitros como «Hijo de puta», «Payaso», «Gilipollas», etc… Quizás es que yo no serviría para árbitro porque no tengo la agudeza visual de detectar a veces las pequeñas diferencias entre una mano voluntaria o involuntaria, por ejemplo, pero somos humanos y el sistema, de por sí, es imperfecto. No sé hasta qué punto un árbitro puede ganar o perder algo o mucho en un partido entre aficionados donde juegan por amor al arte y no se cobra, quizás los árbitros cobren algo, pero ni siquiera creo que eso sea suficiente pago para aguantar esas cosas. Sin  embargo, si un espectador le echa un plátano al campo de juego a un jugador eso se convierte en una noticia de portada en todo el mundo.
 
Supongo que el fútbol tiene que tener algo de humanidad en la parte que juzga los errores para que tenga más gracia y para que sea más conflictiva. De no ser así, hace años que existen sistemas de grabación de imagen e informáticos que permiten visualizar perfectamente y desde distintos puntos de vista, a veces incluso generados por ordenador, las situaciones conflictivas que merecen un análisis detallado y que, sin embargo, aún no se han añadido al reglamento… quizás porque esas normas podrían ser válidas para los grandes partidos pero no para los que celebran los aficionados, pero eso ya es otra historia.
 
No me extraña que llegados a estos niveles el deporte profesional haya llegado al nivel que está en rivalidad, como hinchas del Madrid frente al Barcelona, o del Celta frente al Deportivo… hasta el punto de matarse o de odiarse sólo por ser de un equipo o vestir la equipación contraria. Pero bueno, lo curioso es que incluso el deporte en los últimos tiempos llega a equipararse con aspectos de la vida política y aprovecharse en el mismo sentido, lo cual supongo que tergiversa un poco, de nuevo, el deporte en sí y sus valores.
 
Para acabar el fin de semana resulta que Jordi Évole presenta un programa de Salvados sobre el tema del fútbol, desde la base, hasta las más altas instancias… y en él se contaba desde esa rivalidad y esa agresividad que se practica en los partidos infantiles, hasta el gran poder político de la FIFA y sus encuentros.
 
En fin, que personalmente no consigo entender algunos de los comportamientos de lo que se considera en llamar el «deporte rey», que puedo entender a la afición y a los seguidores. De hecho me sorprende ver que estos mismos jugadores aficionados que juegan cada domingo se pasan semanas enteras entrenando por las tardes/noches, tras salir de sus trabajos, haga frío o calor, llueva o haya sol, y en cualquier condición. Pero todos deberíamos pedir que esos insultos y esa rivalidad tan agresiva desapareciera de los campos de juego.
 

por bicho raro

Nací en el 69 del siglo pasado y quisiera vivir eternamente. De momento lo estoy consiguiendo...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.